2/13/2006





Balas rusas, balas alemanas y 8 maravedís.

Un proyectil de fusil se compone de vaina y bala: la primera contiene el propelente y cae al lado del que dispara y la segunda es la que sale disparada y hace que el disparado caiga. Los proyectiles se montan en un cargador, que por su parecido reciben el nombre de peines.

Para este apunte necesitaba esta definiciónprevia.

El 20 de julio del 37 las tropas leales estaban tocando fondo y la ofensiva se tornaba ya desastrosa. A pesar de todo, en el flanco izquierdo de la operación se programó una acción para, al menos, tratar de salvar la cabeza de puente sobre el río Guadarrama. El objetivo era conservar el territorio comprendido entre las carreteras Brunete a Boadilla y Villaviciosa a Boadilla. Para ello era fundamental conquistar las lomas conocidas como Casa del Monje y Casa Jardín (o Palacio de Rúspoli).

Una vez más las unidades de choque iban a ser las XIII y XV Brigadas Internacionales. Franceses, eslavos, ingleses y norteamericanos debían tomar las posiciones y afianzar la presencia republicana en esos puntos.

La operación, bien diseñada, fue un éxito. La XV partió de las tierras ocupadas hoy por los Barros (en anteriores entradas la he llamado Casa del Campo) y la XIII desde un poco más al Este, desde el Camino de las 7 Fanegas. A los 45 minutos de ocupados los objetivos, un contrataque muy furioso por parte de los Regulares (tropas formadas por marroquíes) desalojó a los interbrigadistas, y no solamente los mandó a sus posiciones originales, sino que prácticamente fueron desalojados de la orilla izquierda del Guadarrama. Había comenzado la contraofensiva nacionalista.

Testimonios de esos combates hablan de "en las bayonetas brilló el sol", lo que de manera menos poética quiere decir que las trincheras se tomaron en combate cuerpo a cuerpo, a cuchilladas, viendo la cara del enemigo a 40 centímetros de distancia.

Este sábado, paseando por unas trincheras en el bosque donde ocurrió lo que he tratado de describir, encontré tres proyectiles sin disparar del 7´62 y 6 vainas y 2 balas del mismo calibre. Todo de origen soviético. Pero también dentro de esta misma trinchera encontré 1 peine, 5 vainas y 3 balas alemanas del 7´92. Un trozo de alambre de espino, el mango de una cucharilla, una bala española de 7 mm y una lata completaban la lista de hallazgos.

Cuando digo que las balas y las vainas las encontré en la trinchera quiero decir dentro de la trinchera. Pienso en disparos hechos a quemarropa y pienso en las bayonetas brillando al sol. Y pienso en el fango rojo en el fondo de la trinchera.

Pero también pienso en marroquíes, polacos, franceses, ingleses, norteamericanos y franceses usando municiones alemana y rusa en el corazón de Castilla el 20 de julio de 1937.

Y pienso, y le doy vueltas y creo que allí hubo una batalla mundial y que los arboles que bebieron esa sangre deben de ser políglotas y no me gusta nada de lo que pienso.

En esa misma trinchera encontré una moneda de 8 maravedís de Fernando VII con fecha de 1820. Y esto, lo único agradable de toda la chatarra, tampoco lo entiendo.

(Fotografías: Arriba, chatarra y 8 maravedís. Abajo, trinchera en el bosque junto a la cañada. Febrero de 2006. Mapa de la maniobra: donde pone 19 de julio debería decir 20)

4 Comments:

Blogger xnem said...

Gracias Oliver, sigo con pasión tu relato. Se me ha puesto la piel de gallina al leer " la cara del enemigo a 40 centímetros".
Los 8 maravedís podrian ser un amuleto que no funcionó.

1:34 p. m.  
Blogger Jose Antonio del Valle said...

Muy bonito tu blog, Oliver, vivo en Majadahonda y mi padre pasó su infancia en Romanillos. He paseado muchas veces por los paisajes de este blog y me sigue emocionando lo que significan. Estuve buscando más información sobre Oliver Law para mi blog (un personaje al que le tengo especial cariño), pero no encontré mucho. Tengo pensado escribir también un post sobre Gerda Taro, que también murió en Brunete.

7:08 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

jugarse el pellejo defendiendo ideales en otro pueblo que no el tuyo.Es valor?, que es? qué movía a toda esta gente, qué movía a Gerda Taro.Cómo se entendían , qué idiomas, sabía alguien por qué coño mataban moros en España.Basta ya de preguntitas románticas...belleza en una batalla mundial políglota , o más bien en tu relato.
su

9:08 a. m.  
Blogger Oliver Law said...

Andre Dosil me manda este texto. Cuando lo leí me dió un vuelco el corazón, creí que lo había sacado de algunas memorias de un excombatiente. Gracias Andre.


A Greg se le salía el corazón del pecho. Y por el modo en que abría la boca parecía que por ella era por donde iba salir. Estaba agotado, empapado en sudor, tumbado en aquella trinchera poco profunda que el enemigo acababa de abandonar, a la sombra providencial de un alcornoque. Habían huido casi sin combatir y eso no podía significar nada bueno. Por eso Tom se movía entre los árboles dando órdenes. El teniente había decidido que era un buen lugar para emplazar una Maxim. El sitio era pésimo: sin una enfilada, sin altura y rodeado de tantos árboles que cuando quisieran ver al enemigo ya lo tendrían encima. En esa trinchera un cuchillo sería más útil que una Maxim.
- Tom! Estás seguro que quieres ponerla aquí?
Tom no estaba para preguntas. Sabía que aquello era una mierda. Pero sabía que debían parapetarse como fuera o en unas horas estaría jodidos. Enfrente estaban los Regulares. Los mismos que hace unos meses, en los olivares de Morata, aguantaron sus embestidas atrincherados en aquella loma durante varios días. La mayoría de la compañía se había quedado enterrada al borde de aquella carretera entre Morata y San Martín de la Vega. Ahora su compañía la formaban retales de otras, aunque seguían siendo mayoría de americanos. En el pelotón de Greg Silvani eran mayoría neoyorkinos, y entre ellos, mayoría los del Bronx. De los que salieron de Albacete sólo quedaban Greg y Josua Steiner, un judío de Boston. Los dos estaban allí tumbados, en la trinchera, con el resto de los chicos, cogiendo aliento, esperando que alguien trajese la Maxim.
Habían salido por la noche y no habían pegado un solo tiro pese a avanzar unos cuantos kilómetros y haber tomado la posición que tenían asignada. Ahora estaban tumbados en aquella trinchera, insuficiente para protegerles de un posible fuego enemigo pero sí del sol que, incansable, les perseguía desde el amanecer con más acierto que la artillería fascista.
- Greg! Poneos a cavar. Esa trinchera es un asco.
Aunque tenían que cavar, al menos seguían a la sombra. Todos menos Josua, que hablaba con Tom entre los árboles, fumando un Lucky y señalando al horizonte. Cavaban a buen ritmo dadas las circunstancias: una noche en vela caminando sin parar y una mañana en la que ya estaban alcanzando los cuarenta grados. Usaban la bayoneta para cavar y con las manos sacaban la tierra de la trinchera por el lado por el que podía venir el enemigo.
- Eh Greg! Mira esto!
Jack Manord tenía algo en la mano y lo mostraba con el brazo levantado. Todos dejaron de cavar para ver que tenía Jack en la mano. Era una moneda. Tenía tierra incrustada por todas partes. Los chicos dejaron las bayonetas en el suelo, y rodearon a Greg mientras examinaba la moneda.
-Es antigua, verdad Greg?
Greg se levantó y se sacó la polla. Orinó sobre la moneda y luego la frotó con unas hojas. Luego volvió a examinarla.
- No demasiado. Aquí dice 1820. Es tuya Jack.
Greg le lanzó la moneda a Jack y cuando iba a cogerla en el aire retiró la mano en el último momento.
- Eh! Me las das ahora que sabes que no vale nada y encima meada!
Greg iba a recoger la moneda del suelo cuando Tom se acercó a la trinchera.
- Greg! Sé que estáis cansados pero dale profundidad a esa trinchera. De una puta vez. Las Maxim están a punto de llegar.
Olvidaron la moneda de Jack y sigueron cavando, bajo aquel sol que se movía y poco a poco alejaba la sombra de la trinchera. De pronto Greg levantó la cabeza y fijo los ojos en la nada. Detrás de los árboles, a escasos doscientos metros, avanzaban, gritando como extraños animales, todavía sin disparar, con la bayoneta montada y las gumias en la cintura, directos hacia ellos, los doscientos cincuenta rifeños que componían el Primer Tabor de Regulares de Ceuta.

9:09 a. m.  

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